
VII
Despierta.
Disfruta del sol que la conforta y consuela.
Mira los tapices con caras risueñas.
Y en aquel momento en que nada espera
algo eclipsa su sol que tiene tan cerca.
Desnuda, confusa, espera,
lo llama, no responde, no brilla para ella,
se levanta, avanza, se desconsuela,
y por fin, a unos metros, la encuentra…
La vela.
Solo eso, solo una vela,
ni un candelabro, ni un sol, ni una hoguera,
simplemente es eso, solamente una vela.
Se gira, mira al sol: no hay respuesta.
Se vuelve y, desde lejos, contempla…
(imagen de la vela cortesía de echiner1)

VI
Despierta.
Se despereza.
Recuerda,
y piensa:
Desde el despertar aquella noche incierta,
o aquél dia, o aquella tarde, de invierno o primavera,
la soledad y la locura han sido la estrella,
la búsqueda de calor, de sentirse serena,
de no llorar, de bailar, de una respuesta,
la busqueda de un traje, una ventana, una puerta…
Se acabó, no más esperas,
se levanta, sonríe, se siente llena,
baila, corre, juega.
Canta junto a cualquier hoguera,
duerme cuando quiere y cuando quiere despierta.
Feliz, sola, serena.
Un tapiz la mira cerca de ella,
un rostro de mujer, una cara descontenta,
gira la cabeza y mira una de las hogueras,
un pequeño sol que levemente recuerda
de haber visto alguna vez en alguna de sus vueltas.
Se acerca…
siente su calor y con miedo se acerca.
Al cabo de unas horas se da cuenta
que entre todas las hogueras el sol debe de ser el que la proteja.
Sonríe pensando que aunque ella no quiera
la búsqueda acaba, no más hogueras.
Se quita sus ropas, se acerca,
y deja que sol la envuelva.
Con un suspiro de alivio, con la soledad resuelta,
se acuesta….

Despierta.
Abre los ojos y asombrada contempla
como el fuego se apagó mientras no estaba atenta.
Las cenizas son donde antes era
el fuego, el calor, la madera…
Llora…
La rabia por fin se apodera de ella:
esparce las cenizas con mil patadas certeras,
grita, corre, llora y, al fin, se serena.
Se acerca donde estaba el tapiz que cogiera,
respira, camina, buscando respuestas,
por la zona encuentra una débil hoguera,
se calienta las manos, y de repente se quema,
en el borde del tapiz una llamita empieza,
lo tira al suelo, cae sobre la hoguera,
y con lágrimas en los ojos mira cómo se quema.
Cuando está consumido, cuando ya nada queda,
se gira,
suspira,
y una nueva búsqueda comienza.
Llegando a una zona de fuegos repleta,
suspira aliviada y, por fin,
se acuesta…