
Despierta.
Abre los ojos y asombrada contempla
como el fuego se apagó mientras no estaba atenta.
Las cenizas son donde antes era
el fuego, el calor, la madera…
Llora…
La rabia por fin se apodera de ella:
esparce las cenizas con mil patadas certeras,
grita, corre, llora y, al fin, se serena.
Se acerca donde estaba el tapiz que cogiera,
respira, camina, buscando respuestas,
por la zona encuentra una débil hoguera,
se calienta las manos, y de repente se quema,
en el borde del tapiz una llamita empieza,
lo tira al suelo, cae sobre la hoguera,
y con lágrimas en los ojos mira cómo se quema.
Cuando está consumido, cuando ya nada queda,
se gira,
suspira,
y una nueva búsqueda comienza.
Llegando a una zona de fuegos repleta,
suspira aliviada y, por fin,
se acuesta…
18 Mayo 2009
La Vela V
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