III
Despierta.
El tiempo que habrá pasado es una incógnita abierta.
El vestido, la cama, la llaga, están secas.
Un pequeño candelabro apareció en la mesa.
Alumbra alrededor de ella:
los tapices se vislumbran en sombras confusas,
no se ven restos en el suelo que alumbra,
el traje está limpio, la cama impoluta.
Se sienta.
Se levanta y avanza en estado de alerta,
buscando una ventana, una puerta.
La sala es enorme, ni las paredes encuentra…
Sigue avanzando en la soledad inmensa,
mira los tapices para enfrentarse a ésta,
y encuentra…
caras antiguas que sonríen o se apenan,
caras desconocidas de expresiones diversas,
caras enemigas, distantes, dormidas, despiertas,
y encuentra, a veces, rasgadas las telas.
Frío, ahora se da cuenta…
suelta el candelabro en el suelo y descuelga
un tapiz sin dañar y que no muestra
cara alguna, y aún así, la alienta,
cosidas en oro, plata y magenta,
azules y verdes completan la escena:
no es un rio, ni un monte, ni siquiera un paisaje,
no es nada de lo que ha visto o imaginado antes.
Lo extiende ante si, sus formas contempla,
tras una vida sobre su espalda la echa.
Se sienta en el suelo y, abrigada por la tela,
se recuesta, y duerme, y sueña.
19 Abril 2009
La Vela III
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